Bienvenido/a a mi rinconcito de internet. Aquí iré colgando mis pequeños textos y estás invitado a pasear y comentar (siempre desde el respeto y la educación). Espero que disfrutes de los relatos, tanto como yo lo hago escribiéndolos.

Un capítulo del libro que estoy escribiendo "Dulces sueños, Violeta"


Aquí os dejo uno de los capítulos del diario del asesino. Espero que os guste!


30 de Junio de 1976
Querido Amigo, mi mundo ha cambiado, ya nada es igual que antes. Creí que Violeta me amaba, creí que Dios me la devolvía una y otra vez para resarcirse por el daño que me había causado durante mi infancia; pero estaba equivocado y esto se ha convertido en una mofa a mi persona.
Sé que si no me conocieras, pensarías que me he vuelto loco, incluso yo lo creería si mis ojos no me mostraran la verdad. Ella vuelve, sí, vuelve de la muerte una y otra vez. Me hace creer que la encuentro, aunque estoy seguro que es ella la que me busca y esa idea me hace sentir feliz.
Pero ahora todo ha cambiado, la muy zorra juega con mis sentimientos y no estoy dispuesto a dejarme manipular así.
Nadie en su sano juicio cambia de la noche a la mañana como lo ha hecho Violeta. Nadie te ama un día y al día siguiente se olvida de ti y eso es lo que ha hecho ella. Me ha olvidado, ha olvidado nuestro amor, ha olvidado nuestra complicidad y lo que es peor me ha olvidado a mí.
Cada vez que la encontraba la colmaba de halagos y regalos, la mimaba y la amaba como lo hice la primera vez que la vi y la muy puta me lo pagaba con desprecio, insultos e indiferencia. Me ha llamado loco, cabrón y una infinidad de ofensas hacia mi persona, que nunca pensé que pudiera salir de alguien como ella.
Pero hasta aquí hemos llegado, si ella no quiere estar conmigo por las buenas, lo hará por las malas.
Hace unos días entré a escondidas en el psiquiátrico. La verdad es que fue más fácil de lo que pensé que sería. Aun mantengo las llaves en mi poder y a nadie se le ha ocurrido cambiar las cerraduras, así que la otra noche me escabullí entre las sombras, casi todos dormían y me colé en la farmacia del centro. Cogí todo el cloroformo que había, pensé en coger sólo un par de botes, pero ellos no tendrán problemas para comprar más y yo lo necesito más que nadie.
Al día siguiente salí temprano a buscarla, durante el último año la había encontrado una y otra vez, y en el fondo algo me decía que no tardaría mucho en hacerlo, como así fue. Pero cuál fue mi sorpresa, cuando la vi saliendo de un coche con otro hombre. Un chico joven, de unos treinta años. El joven se acercó a ella y comenzaron a besarse. Sentí cómo me hervía la sangre, aquella ramera se besaba con otro.
Me acerqué entonces lo más sigiloso posible. Él le agarraba el culo, parecía querer meterle la mano entre las piernas y ella se dejaba y sonreía mientras continuaba besándolo.
Utilicé el propio vehículo para esconderme y preparé un pañuelo con el cloroformo, a partir de ahí todo fue muy rápido. Agachado me acerqué hasta el cerdo aquel y agarrándole del pelo hacia atrás le corté el cuello con un movimiento rápido. No puedo describir la sensación que sentí, fue algo soberbio. Y la cara de Violeta… indescriptible.
Rápidamente la agarré y le coloqué el pañuelo sobre la cara, ni siquiera se defendió, no gritó, ni intentó correr, sólo se quedó inmóvil, aterrorizada y luego calló en un profundo sueño.
La arrastré hacia mi coche y allí la peiné, su pelo olía como su mismo nombre. El azabache de su pelo brillaba bajo el resplandor de la luna. Le coloqué un gran lazo, como siempre he hecho, lo anude despacio, sintiendo el sinuoso tejido entre mis dedos, me excitaba. Me acerqué a su cuello e inspiré profundamente, necesitaba su aroma, su recuerdo pues aquello sería lo último que me quedaría de aquel momento.
Por un instante, reconozco que me embriagó aquel olor, tanto que estuve a punto de fracasar. Quería abrazarla, besarla y llevármela lejos de allí pero entonces ella despertó y comenzó a forcejear, me golpeaba e intentaba salir del coche. Aquello me sacó de mi espejismo y la agarré fuertemente del cuello, apreté tan fuerte que sentí como las vértebras se rompían bajo mis dedos, entonces su cuello quedó colgando, como si a una marioneta le hubieran cortado la cuerda que sujeta la cabeza. Y entonces su belleza desapareció, así, de repente, había pasado de ser una Diosa, mi Diosa, a convertirse en un ser despreciable, eso sí, con un pelo perfecto, pero repugnante al fin y al cabo. Ni siquiera me molesté en llevarla a su coche como había pensado hacer, simplemente abrí la puerta y la empujé fuera.
No sentí nada después de escuchar su cuerpo golpear contra el asfalto, tampoco cuando arranqué el coche y la vi, por el espejo retrovisor, tirada en el suelo, con su trenza mal colocada; pero estoy preocupado porque flaqueé, durante unos segundos, llegué a fantasear con una vida plena a su lado. ¿Pero en qué coño estaba pensando? Tengo que trabajar más esa faceta, no puedo volver a fracasar así, no me lo puedo permitir.
La próxima vez no perderé la compostura. No me puedo permitir echar a perder tanto trabajo.
Maldita hija de puta, no vas a poder conmigo. Te encontraré tantas veces como sea necesario, y te juro que admirarán mi trabajo. A partir de ahora serás mi musa y me ayudarás a crear mi gran obra.