Bienvenido/a a mi rinconcito de internet. Aquí iré colgando mis pequeños textos y estás invitado a pasear y comentar (siempre desde el respeto y la educación). Espero que disfrutes de los relatos, tanto como yo lo hago escribiéndolos.

Hakim, y el reino de los deseos (Segunda Parte)



Hakim, y el reino de los deseos II
— Deseo… —y durante un instante cerró los ojos con fuerza y recordando todo lo que había dejado atrás continuó—, que los enfermos de mi pueblo se curen, sobre todo mi madre; que vuelva la lluvia y acabe la sequía que nos asuela y que los campos vuelvan a ser fértiles y produzcan de nuevo.
—Pero eso son tres deseos —dijo sonriendo mientras enumeraba con los dedos—, curar enfermedades, hacer llover en tus tierras y volver los campos fértiles. ¿Estás de acuerdo?
Hakim preocupado se lo pensó durante unos segundos pero la necesidad de solucionar sus problemas, fue más fuerte que el miedo a perder recuerdos y asintió con la cabeza.
—Muy bien —dijo el hada y acercándose a él, colocó sus manos en la cabeza y extrajo tres recuerdos.
Hakim no podía ver que ocurría pero el hada, sacando imágenes de su mente observaba cada uno de aquellos recuerdos produciéndole una gran satisfacción. El primer recuerdo extraído: Su pueblo.
El segundo: Su gente, su familia, sus vecinos.
Y el tercero: Cómo volver.
Al terminar el hada, Hakim intentó recordar su nombre, su edad, e incluso recordó una vez que subido a un árbol, siendo pequeño, la rama se partió y cayó al suelo. Rememorar aquello le hizo sonreír y tranquilizarse pues si era de recordar aquellas cosas, significaba que el hada no le había quitado nada importante. Lo único que no conseguía recordar, era qué deseo había pedido. Pero si ese era el recuerdo que perdía, pronto lo recordaría al ver su deseo cumplido.
— ¿Puedo pedir otro deseo? —preguntó ilusionado
—Faltaría más —contestó la dulce hada—, esperaba que lo hicieras.
—Deseo un castillo de oro y un circo con osos trapecistas y serpientes malabaristas y tigres payasos. Y también deseo una carroza de oro con caballos alados como los de ahí fuera y…
Y el hada satisfecha recogía uno a uno, los recuerdos de aquel joven codicioso que no recordaba por qué estaba allí.
Los días pasaban transformándose en meses y estos en años y Hakim era inmensamente feliz. Los cielos límpidos brillaban de un color turquesa jamás visto antes, y de pequeñas nubes llovía exclusivamente sobre las flores y plantas sin mojar a nadie más. Las aceras doradas relucías y los caminos de plata deslumbraban por los rayos del sol.
Un día, comenzó a encontrarse enfermo y decidió que se acostaría pronto, si a la mañana siguiente continuaba igual, buscaría al hada para que solucionara su mal. Pero aquella noche, sueños extraños le invadieron, rompiendo la paz que sentía. Una mujer le llamaba y le decía cosas extrañas sobre un lugar que no conocía.
— Hakim, hijo mío, soy mamá —decía aquella extraña mujer— Sé que no me reconoces porque has perdido tus recuerdos, pero debes saber que tienes un hogar al que debes volver pues tu familia te espera con los brazos abiertos. Cariño vuelve a casa, sal de ahí. Tus hermanos y tu padre de necesitan y yo también. No nos olvides Hakim y regresa a tu verdadero hogar.
A la mañana siguiente, Hakim despertó sudoroso e intranquilo, pero curiosamente podía recordar su sueño a la perfección y una intranquilidad se apoderó de él. Durante toda la mañana anduvo por las calles absorto en sus pensamientos, preguntándose por qué le angustiaba tanto ese recuerdo y por qué no lograba quitárselo de la cabeza. Así pues, decidió que al caer la noche, cuando todos dormían, saldría de allí sigilosamente y buscaría a aquella mujer que le había llamado hijo.
Y así lo hizo. Las palmeras se curvaron abriendo una puerta y Hakim salió de allí sin saber a dónde dirigirse. Sin embargo en el mismo momento en que puso un pie en la arena del desierto, un recuerdo apareció en su mente. « Para llegar al país de los deseos, deberás caminar hacia el norte, durante siete días y siete noches y mientras hagas ese trayecto no podrás beber agua de día ni abrigarte de noche».
«Siete días y siete noches —se dijo a sí mismo— Si para venir tuve que caminar hacia el norte… para encontrar a esa mujer, deberé caminar hacia el sur». Y tras decir esto comenzó a caminar sin descanso. Pero por cada paso que daba y se alejaba del país de los deseos, un recuerdo regresaba a su mente y un deseo desaparecía mientras su cuerpo rejuvenecía, volviendo a convertirse en el joven campesino que llegó desesperado al reino de los deseos, años atrás. Así pues cuando al fin recordó todo, corrió hacia su hogar, donde su familia aguardaba, esperando ver a su madre sana y sus campos verdes, pero la desolación cayó sobre él como jarro de agua fría, cuando comprobó que las tierras áridas permanecían sin producir y el río continuaba seco. Todo parecía igual que cuando se fue y temiendo lo peor, corrió hacia su casa para comprobar que su madre al menos, estuviera sana. Pero no fue así y aunque sonriendo por ver a su hijo de vuelta, su cuerpo consumido permanecía postrado en la misma cama que años atrás.
— Temí que no volvieras —dijo la madre con esfuerzo— tras pasar diez días, la anciana me contó que podías haber caído en la maldición del hada oscura y quise hacerte venir, no quería irme de este mundo sin despedirme de ti.
Hakim se arrodilló junto a su madre y lloró desconsolado, pues nada de lo que había hecho, había servido de nada y mientras él se divertía en un mundo de ilusión, su madre seguía sufriendo y muriendo lentamente. Cuando su madre se durmió, Hakim corrió hacia el río y encontró la roca donde años atrás solía sentarse y allí dejó aflorar sus sentimientos, su dolor y su desengaño.
De repente la anciana de pelos blancos y manos manchadas, se apareció ante él y le dijo: —No llores Hakim, pues mientras derramas lágrimas de decepción debes saber que has roto el maleficio. Sólo hacía falta que una persona saliera del reino para romper la maldición y devolver los recuerdos a todos los habitantes del lugar.
— ¡Y de qué me sirve a mí eso, dime! ¿Acaso he curado a mi madre, he devuelto las riquezas a la tierra? ¿Acaso he conseguido algo a parte de vivir una mentira?
—Sí Hakim lo has hecho, pues al romper el hechizo, mi hermana el hada oscura perdió sus poderes y nunca más volverá a hacer el mal. Esos poderes han vuelto a mí —Y diciendo eso, la vieja anciana se convirtió en la joven más bella que jamás hubiera visto el muchacho— y ahora yo puedo cumplir tus deseos, sin tener que dar nada a cambio, pues una vez vine pidiendo agua y me ofreciste tu hogar a pesar de las faltas que sufrías.
La joven acarició la cabeza del muchacho y le dijo: —Mira al cielo Hakim —y con un movimiento de manos, nubes negras se cernieron sobre ellos y comenzaron a descargar agua sobre los campos que a su vez empezaron a brotar— Y ahora corre a casa Hakim, tu madre te espera.
Y aún estupefacto, corrió todo lo que sus piernas le permitieron hasta llegar a casa, donde su madre, sana y salva, le esperaba con los brazos abiertos fundiéndose en un largo y cariñoso abrazo, mientras el resto de la familia reían a carcajadas y palmeaban o abrazaban al muchacho.
Dos años después, los vecinos habían vuelto y el pueblo creció gracias a la fertilidad de sus tierras y al agua que nunca volvió a faltar.
Hakim vivió feliz junto a su familia y el hada regresó al país de los deseos, donde repartió dicha y fortuna sin pedir nada a cambio. FIN