El cielo.

       El cielo, de un azul tan intenso que parece un retrato pintado al óleo con sus nubes blancas, esponjosas y perfectas colocadas por una mano invisible. Un lugar infinito donde las almas, convertidas en aves de diferentes colores, revolotean y juegan mientras nos protegen y vigilan como ángeles de la guarda. En el centro,  un avión rompiendo la paz, con su larga cola de humo,  dividiendo en dos la inmensidad cobalto, mientras las nubes
 continúan impertérritas.