Bienvenido/a a mi rinconcito de internet. Aquí iré colgando mis pequeños textos y estás invitado a pasear y comentar (siempre desde el respeto y la educación). Espero que disfrutes de los relatos, tanto como yo lo hago escribiéndolos.

Arcoíris





Al final del arcoíris se encuentra un tesoro, le dijo el gnomo de sus sueños.

       Y esperó con paciencia el día en que el sol y la lluvia se fundieran en uno, convencida de la veracidad de aquellas palabras que le habían susurrado junto a su oído. 

       Y al fin ocurrió. 

       Rauda se dirigió hacia él, lo escaló, se alzó hasta la cima y llegó al final donde no había ningún tesoro, solo ella.

Te quiero





Te quiero.

Tan solo dos palabras pequeñas, cortas, que unidas guardan un mundo de emociones y sentimientos en su interior.

Te quiero.

LA ROCA (Metáfora sobre el acoso escolar)





—Tengo miedo, mami.

—¿Puedo contarte un cuento?

El pequeño asintió mientras se acurrucaba junto al cuerpo de la madre.

—Había una vez —comenzó— un joven que caminaba por una calle, cuando de repente, descubrió que había una roca en medio del camino.

Durante un instante, observó cómo reaccionaba el resto de la gente cuando llegaban a ella y se sorprendió al ver que nadie hacía nada por quitarla, al contrario, la rodeaban, incluso la saltaban a pesar de lo grande que era, y continuaban su camino como si nadie la viera. Era como si no estuviera allí.

Pero sí estaba y de hecho llevaba mucho tiempo en aquel lugar, aunque hasta ahora, el joven, no se había dado cuenta de lo grande y pesada que era.

Y entonces resolvió que la quitaría de allí. Primero empujó con todas sus fuerzas, al ver que no lo conseguía buscó un palo fuerte y apoyándolo sobre otra roca hizo palanca, pero la piedra no se movía ni un ápice. Era demasiado grande, demasiado pesada y demasiado dolorosa para un solo individuo.

Cuando estaba a punto de tirar la toalla, decidió buscar a las personas en las que él confiaba, aquellas que habían estado toda la vida junto a él, y les contó el problema.
Sus amigos y familiares, en cuanto tuvieron conocimiento, se unieron a él para ayudarle a solucionarlo cuanto antes y entre todos se dispusieron a expulsar a la gran roca. Unos empujaban, otros hacían palanca… hasta que después de un tiempo, la gran roca comenzó a moverse y pudieron retirarla del camino.

Todos saltaron de alegría pues unidos habían conseguido eliminar el problema.

—¿Soy yo la roca, mami? —interrumpió.

—No, cariño. Tú eres el valiente joven que buscó ayuda. Pues gracias a eso consiguió solucionar el problema.


Delma T. Martín

La casa



Invierno. Una y treinta de la madrugada.

Desde la cama contemplaba por la ventana cómo las primeras gotas de lluvia daban paso a una lluvia más insistente. Una tormenta se cernía sobre la sierra instalando una oscuridad obsidiana solo interrumpida por los relámpagos que dibujaban sombras desafiantes en las paredes, y los truenos que hacían vibrar la casa.

Era la primera noche que pasaban en aquel lugar. Perdido en la montaña y tras mucho caminar, la buena suerte había querido que encontrara aquella vieja cabaña que le cobijaba del fuerte viento y la tormenta. Una casa llena de supersticiones y leyendas, de extrañas muertes, desapariciones y fantasmas, pero que aquella noche posiblemente le estaba salvando la vida.

Aunque la cabaña no tenía luz, la chimenea estaba bien abastecida, lo cual fue un bálsamo para su aterido cuerpo, que enseguida encendió para calentarse e iluminar la estancia.

Cansado y sin nada que comer, decidió irse a descansar.

Pero no era fácil dormir en aquel lugar. Sentía la extraña sensación de que algo no iba bien. Un mal presentimiento que le abrazaba con los largos brazos de la incertidumbre y del miedo, devorándole el alma.

Vivir sin ella



La añoraba.

Aún sentía el corazón desgarrándose con su simple recuerdo.

Soñaba con su esbelta figura.

Se estremecía al rememorar sus dedos rozando cada una de sus curvas. Y ahora, tendría que vivir sin ella.

Habían pasado toda una vida juntos compartiendo buenos y malos momentos.

Cómplices.

Necesitaba volver a tenerla entre sus manos, abrazarla, tocarla, sentir cada centímetro de su cuerpo.

Pero posiblemente ya era tarde y la había perdido para siempre.

Sólo quedaba una última opción, un último intento antes de rendirse:

Llamar a objetos perdidos por si ellos habían encontrado su guitarra.

El Peñón de los Enamorados

Foto realizada por mi hija Marta




Resguardada del sol abrasador bajo una sombrilla en la terraza de una cafetería, se encontraba ella.
Ensimismada observaba la magnífica montaña que enmarcaba el paisaje. Una muy particular con cabeza de mujer, testigo mudo y cómplice de una maravillosa historia de amor. El Peñón de los Enamorados.
Los caprichos del destino la habían llevado a aquel rincón de Málaga, Antequera, y la magia habían obrado el resto.
En la mano izquierda portaba una libreta y en la derecha una pluma que se deslizaba sobre el papel como llevada por una fuerza extraña que la obligaba a escribir sin pausa. Y con esa habilidad que solo la fascinación puede dar dibujaba con palabras cada pico, ladera, árbol o valle para, a continuación, relatar la maravillosa historia de amor entre un cristiano y una princesa árabe.

El reencuentro (Relato erótico, no recomendado para menores)



Nadie puede predecir el futuro y mucho menos prepararse con antelación para la sorpresa más inesperada del mundo. Eso le pasó a Raúl que tras volver de una repartida con el camión, decidió pasar por uno de esos clubes de carretera, aislados y privados que se pueden encontrar por los límites de las ciudades.