Quién habita la casa (2º capítulo)

Aquí os dejo el segundo capítulo de mi novela "Quién habita la casa", espero que os guste:


Sara y Roberto llevaban tiempo buscando casa sin mucho éxito.
Cuando llegaron a la ciudad, hace tres años, les pareció aceptable el apartamento que alquilaron pero, ahora que las cosas comenzaban a irles bien y que se estaban planteando traer familia, querían buscar algo más grande, adquirir algo en propiedad.
Eran las siete de la mañana cuando Sara se levantó de la cama, se dirigió a la cocina, casi como un zombi y se lleno su taza de café, cogió el periódico y se fue al salón. Aquello se estaba convirtiendo ya en una rutina, café, periódico y sofá. No recordaba cuanto tiempo llevaban buscando casa pero de momento todas las que se anunciaban eran demasiado caras o demasiado viejas o demasiado… algo. Ninguna les venía bien. Pero aquella mañana despertaba alentadora, se anunciaba una casa mata, a las afuera de la ciudad, de dos plantas, con salón, comedor, cocina, tres baños, seis dormitorios, buhardilla, sótano, terrazas y jardines a un precio muy asequible.
Sara rodeó el anuncio con un círculo y lo dejó sobre la mesa mientras esperaba a que Roberto se levantara. En cuanto pasó por el salón, lo abordó periódico en mano.
— Mira Robert que anuncio acabo de ver, es una casa mata, pero debe de haber un error porque el precio que viene aquí es demasiado barato ¿no crees?
— Dame un momento, me sirvo un café y estoy contigo, si no, creo que seré incapaz de ver  lo que me estas enseñando.— Tal y como había dicho se lleno la taza de café, limpió las gafas con una servilleta que cogió en la cocina y se dirigió hasta donde Sara lo esperaba. Se sentó a su lado rodeándola con el brazo y acercándose a la señal roja que Sara había hecho en el periódico.
— Nena, esto tiene que ser un error, es imposible que una casa tan grande, como dice aquí, tenga ese precio, una de dos o se han comido un cero al poner el anuncio o la casa se está cayendo a pedazos.
— Tienes razón, algo tan bueno no puede ser verdad— dejó el periódico sobre el brazo del sofá y agarrando con las dos manos la taza caliente, comenzó a beber mientras su cara mostraba la desilusión y su mirada se perdía en la nada.
— ¿Y ya está? ¿Eso es todo? Me estás diciendo que con el primer obstáculo que encuentras ya tiras la toalla, pues sinceramente esperaba más por tu parte.— decía Roberto mirándola de reojo— No sé, quizás un vamos a intentarlo o que me hubieras puesto esa carita que pones con el labio inferior salido que pareces un perrito desvalido, pero chica si ya te has rendido… no digo nada más.
En el fondo Roberto era incapaz de ver a Sara triste y aunque pensaba que era inútil ir a ver la casa, prefería hacer el esfuerzo.
La cara de Sara comenzó a dibujar una sonrisa que fue agrandando conforme iba escuchando los comentarios de Roberto. Se giró dándole un fuerte abrazo y como si de una niña, con juguete nuevo se tratara, corrió hacia el teléfono.
Roberto dejó a Sara hablando  y se dirigió a su cuarto para vestirse, cuando salió ya le estaba esperando.
— Cariño, en media hora tenemos cita con la inmobiliaria para ver la casa.