Mi pequeño reloj de bolsillo


¿Qué sabes que no me cuentas? ¿Qué has visto que me ocultas? Te crearon para medir el tiempo pero no te conformaste con ello, querías más y has sobrevivido hasta conocer cinco generaciones distintas. ¿Cuántas manos te acariciaron antes de mí? ¿Cuántas anécdotas que nunca revelarás? ¿Acaso el hábil relojero que te creó pieza a pieza, con su preciso pulso de cirujano, podría imaginar que más de un siglo después, tu corazón continuaría latiendo mientras, entre tu mecanismo, seguirías atrapando retales de historia?

Llegaste a mi familia como símbolo de amor eterno, como promesa de matrimonio. Un intercambio de relojes de bolsillo entre dos jóvenes temerosos, que con disimulada intención, pararon el tiempo para que su amor nunca feneciera. Y así fue, pues gracias a ti, aquel amor quedó eternamente retenido, pasando de generación en generación.

No eres más que un pequeño dispositivo, quizá perfecto, posiblemente no, pero cuando te tengo entre mis manos te siento. Siento esas vidas, las dichas y las infelicidades vividas, los nacimientos y defunciones sufridos. Todo atesorado en tu interior, protegido por los muros de tu silencio. Un portal entre el pretérito y el presente coexistiendo en tu interior.

Y vives. Cuando tus manecillas me muestran las horas; cuando, tu alegre tic tac me murmura apaciguador, sereno. Vives, cuando junto a mi oído, late tu pequeño corazón dependiente, a la espera de que una mano amiga no olvide darte cuerda. 

Quisiera mirar dentro de ti, descubrir tus entresijos, pero no lo haré pues en eso radica tu poder de seducción que me hipnotiza y me hace volar por los senderos de mi imaginación, percibiendo sentimientos que probablemente nunca existieron pero que me empujan a seguir soñando con vidas pasada y épocas dignas de ser recordadas.

Y me pregunto: ¿Cuál es mi historia ante ti? ¿Qué momento especial conservas de mi existencia? ¿Quizás algún suceso de la infancia, tal vez de la insegura adolescencia o a lo mejor prefieres centrarte en la madurez? Seguro que hay miles de momentos dignos de ser guardados pero sólo cuando caigas en otras manos que no sean las mías, se sabrá cual es mi momento. Pues sólo con otra mente jugarás a este extraño pasatiempo que hoy compartes conmigo.

Me gustaría tanto saber cómo mides las horas… ¿Son distintas las del amor que las del desencuentro? Detienes el tiempo a tu antojo, lo aceleras y lo ralentizas jugando así con nuestros sentimientos.

Espectador de la vida y el deceso. Me viste nacer y me verás morir. Y tu corazón seguirá latiendo cuando mis manecillas se detengan. No somos tan distintos, pues mi corazón palpita igual que el tuyo y en él también guardo mis remembranzas especiales, y sin embargo, mi mecanismo dejará de funcionar antes y quedaré atrapada entre engranajes y remaches, para acabar viendo la vida a través de tus ojos.
Pues tú eres, tiempo, el que te quedas, y yo soy la que me voy.

Mi pequeño reloj de bolsillo, coleccionista de historias, cazador de sucesos, recopilador de relatos y eterno espectador de la vida. 
Delma T. Martín